¿Cómo percibo mi docencia?
Considerando un día común de trabajo dentro del aula, se puede expresar que lo que hago está relacionado con el aprendizaje de los alumnos.
Así, propicio la enseñanza de los contenidos de diversas asignaturas (español, matemáticas, etc.) a través de la selección y planeación de las actividades escolares. Aquí a los alumnos se le procura plantear alguna “situación de reto cognitivo” en el que pongan en juego sus conocimientos previos, para luego analizar, a nivel grupal, lo que hicieron e intervenir, posteriormente y si es pertinente, para explicar, aclarar, socializar y plantear otras situaciones que impliquen que los alumnos “razonen” (piensen) o “apliquen” lo aprendido.
Ante la pregunta: ¿para qué hago esto? Inmediatamente me viene a la cabeza: porque en esto consiste mi trabajo. Es decir, la finalidad de mis acciones como profesor estriba en procurar formar personas pensantes, hábiles y competentes para resolver sus problemas cotidianos, que conozcan y se adapten a su entorno social, económico, etc.; que logren un sentido de vida. Tarea nada fácil para mí que implica transitar de lo teórico e imaginario a la realidad concreta de mis acciones de mediador al servicio de los alumnos y del colectivo escolar.
En particular, con el desarrollo de las actividades escolares dentro del aula pretendo que los alumnos adquieran, por citar algunos ejemplos, las herramientas básicas y necesarias para resolver problemas de su vida diaria, puedan expresar sus ideas con claridad y coherencia, conozcan otras formas de pensar y las respeten, aprendan a relacionarse e interactuar entre ellos mismos, adquieran conocimientos generales sobre la aparición del hombre en la Tierra, de cómo y por qué del movimiento de la Tierra, se explique la importancia de alimentarse sanamente, etc.
Sin embargo, la visión de futuro para mí es esperanzador pues, por ejemplo, el ámbito de la actualización permanente del profesorado es una oportunidad para mejor la práctica docente y encaminar nuestro desempeño hacia lo que queremos llegar: hacer de nuestros alumnos personas socialmente productivas, competentes con lo que saben y hacen, y satisfechas con su ser y con lo que hacen en beneficio de la colectividad.
Esta perspectiva se favorece en el día a día del quehacer educativo y en las acciones diarias que se derivan al momento de dinamizar el proceso enseñanza-aprendizaje dentro y fuera del ámbito áulico. De este modo, se busca que en cada actividad que se trabaje en el salón de clases sea verdaderamente –este es la máxima intención personal- un aprendizaje significativo y relevante. Nada sencillo cuando se reconoce la existencia de múltiples factores que la condicionan y la determinan. No obstante, el reto de su intencionalidad es la visión que permea y guía el sentido esencial de la trama educativa, de las situaciones en que se realiza y del rol que juega cada uno de los sujetos que están involucrados en ella.

Hola compañero Cesar, que interesante herramienta ¡no crees!Sólo que si es un poco tardado.
ResponderEliminarSaludos.
Claudia.